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Hay dolores que aparecen sin previo aviso y que te pueden cambiar por completo el día. A veces comienzan como una molestia suave en la base del cráneo, otras como una presión rara detrás de un ojo, o como un pinchazo que sube por la cabeza cuando giras el cuello… y no tienes muy claro qué está pasando.

Muchas de las personas que acuden a mi consulta me dicen: “Rosa, siento un dolor extraño aquí atrás… y no sé si es del cuello, de la cabeza o de los nervios.”

Es un dolor inquietante, totalmente diferente al típico dolor cervical o a la cefalea tensional de toda la vida. Un dolor que parece “nacer” muy profundo, que a veces se irradia hacia un lado de la cabeza, que empeora con el estrés, con el móvil, con el ordenador… o incluso al apoyar la cabeza en la almohada. Y aquí es donde suele saltarme el ojo clínico: es posible que estemos ante una neuralgia de Arnold, una afección muy común de lo que parece, pero poco conocida para la mayoría de personas.

¿Qué es la neuralgia de Arnold?

Cuando hablamos de la neuralgia de Arnold (también conocida como neuralgia occipital) nos referimos a una irritación del nervio occipital mayor, una estructura pequeñita pero importantísima que recorre la parte posterior del cráneo. Aunque parezca increíble, un nervio de apenas unos milímetros puede generar dolores muy intensos cuando se inflama, se comprime o se ve atrapado por una musculatura excesivamente tensa.

Este nervio nace en la zona alta de la columna cervical (entre C2 y C3) y se abre paso entre músculos profundos del cuello, especialmente los suboccipitales, que son esos músculos que “sujetan” literalmente la base del cráneo.

Cuando estos músculos se tensan más de la cuenta (por estrés, mala postura, bruxismo, rigidez cervical o incluso tras un latigazo cervical) pueden irritar el nervio y desencadenar ese dolor tan característico que muchos pacientes describen como un pinchazo profundo en la base del cráneo o una sensación eléctrica que aparece al mover el cuello o tocar la zona.

Papel del nervio occipital mayor

El nervio occipital mayor es mucho más importante de lo que parece a simple vista. Aunque no lo veamos ni seamos conscientes de él en el día a día, trabaja continuamente para que nuestra cabeza y nuestro cuello “se sientan” bien y reciban la información que necesitan.

Este nervio nace a nivel de la segunda vértebra cervical (C2) y atraviesa una zona bastante delicada: pasa entre músculos profundos (como el recto posterior mayor y menor de la cabeza y el oblicuo superior), atraviesa fascias muy sensibles y continúa su recorrido hacia la parte posterior del cuero cabelludo.

Nervio occipital mayor Su función principal es la sensibilidad:

  • detecta el tacto en la parte posterior de la cabeza,
  • recoge información sobre la temperatura,
  • percibe cambios en la presión de la zona,
  • y contribuye a la sensación de la base del cráneo.

Además, actúa como un “sensor” de la tensión muscular profunda. Cuando los suboccipitales están sobrecargados (algo muy común en personas con estrés, bruxismo, mala postura o uso excesivo de pantallas) este nervio empieza a recibir señales de irritación.

Diferencia entre neuralgia de Arnold y cefalea tensional

Es muy habitual que quienes llegan a consulta pensando que tienen “una migraña rara” o “una tensión de cuello que se me dispara” estén en realidad ante una neuralgia de Arnold. Y es lógico que haya confusión: ambas pueden producir dolor cervical y cefalea, pero no funcionan igual ni se sienten igual.

La cefalea tensional, que es el tipo de dolor de cabeza más común, suele generar:

  • una sensación de presión alrededor de la cabeza,
  • tensión en la frente o las sienes,
  • una rigidez global del cuello.

Es un dolor más amplio, más “en banda”, menos localizado. Suele empeorar con el estrés, pero responde bastante bien al movimiento suave y a la descarga muscular.

La neuralgia de Arnold, en cambio, es mucho más específica. Es un dolor más “afilado”, más eléctrico. Una persona puede estar bien y, de repente, al mover la cabeza sentir ese rayo característico que va hacia arriba. Y esta característica clínica (ese “disparo” puntual) es una de las cosas que más me ayuda a diferenciarla cuando venís a consulta.

Síntomas de la neuralgia de Arnold

Cuando el nervio occipital mayor está irritado o comprimido, el cuerpo suele mandar señales muy claras. Y aunque cada persona lo vive a su manera, hay un conjunto de sensaciones muy características que me encuentro casi a diario en consulta cuando aparece esta neuralgia.

  • Dolor punzante en la nuca o base del cráneo (punto “gatillo” occipital). Este dolor se localiza en un punto muy concreto, justo donde el nervio atraviesa la musculatura suboccipital. No es un dolor amplio ni difuso: es profundo, afilado y a veces incapacitante. Muchas personas pueden notar: un pinchazo al levantarse de la cama, una punzada al girar la cabeza, una sensación de «presión interna» muy localizada o una molestia que se despierta al apoyar la cabeza en el respaldo.
    Ese punto suele estar muy sensible a la palpación, y presionarlo puede reproducir el dolor casi de inmediato.
  • Dolor irradiado hacia un lado de la cabeza (recorrido occipital típico).  Podríamos decir que este síntoma es casi una “firma” de la neuralgia de Arnold.
    El dolor sube desde la nuca hacia arriba siguiendo el trayecto del nervio: hacia la parte posterior del cuero cabelludo, hacia un lateral de la cabeza o hacia la zona temporal y periocular.  No es un dolor continuo: aparece en descargas cortas, como si fuera un latido o un rayo que se activa con movimientos concretos del cuello.
  • Hipersensibilidad al tacto y sensación de “cuero cabelludo que duele”.  Este síntoma es extremadamente específico. Cuando el nervio está inflamado, la piel del cuero cabelludo puede volverse hipersensible, incluso cuando el dolor profundo no es muy intenso.
    Los pacientes me dicen síntomas como: “Me duele solo con tocarme el pelo” , “No aguanto la almohada”, “Peinarme me molesta, como si estuviera quemado”.
  • Dolor que empeora con movimientos cervicales concretos. La neuralgia de Arnold suele aumentar con movimientos como: girar la cabeza hacia un lado, inclinarla para mirar el móvil, mirar hacia arriba o mantener una postura fija durante mucho tiempo. Estos movimientos tensan o estiran los músculos suboccipitales y pueden irritar aún más el nervio.
  • Sensación de “corriente” o “descarga eléctrica” en la zona posterior de la cabeza. Otro síntoma muy típico: una especie de corrientazo breve, como un chispazo, que aparece al tocar la zona, al peinarse o al mover el cuello.
  • Rigidez cervical y bloqueo en movimientos finos. La persona nota el cuello rígido, poco fluido. Girar para mirar por encima del hombro cuesta más, y la musculatura posterior se siente dura, “de piedra”.
  • Dolor retroocular o presión alrededor del ojo. Cuando el nervio occipital mayor y las cadenas musculares superiores se irritan, pueden generar molestias que se extienden hacia la zona temporal e, incluso, hacia atrás del ojo.
  • Aumento del dolor con el estrés o el bruxismo nocturno. El nervio occipital mayor está muy influido por la tensión cervical profunda. Si aprietas la mandíbula al dormir o pasas por un periodo de estrés, es frecuente que el dolor empeore al día siguiente.
  • Molestias al apoyar la cabeza en la almohada. Un síntoma muy característico: acostarte y notar que cualquier presión en la nuca molesta o despierta el dolor irradiado.
  • Ligeros mareos o inestabilidad. No son mareos rotatorios como en un vértigo. Es más una sensación de: cabeza «pesada», inestabilidad al mover el cuello, visión algo borrosa por tensión muscular.

Dolor de la neuralgia de ArnoldCausas más comunes de la neuralgia occipital

La neuralgia de Arnold casi nunca aparece “porque sí”.

En la mayoría de casos, cuando alguien llega a consulta con este tipo de dolor, encuentro uno o varios factores que han estado irritando al nervio occipital mayor durante días, semanas o incluso meses.

Estas son algunas de las causas más típicas que veo en mi día a día.

Contractura de los músculos suboccipitales

La reina. La más común.

Los suboccipitales son unos músculos pequeñitos y profundos que conectan la base del cráneo con las primeras vértebras cervicales. Su trabajo es fino, continuo y agotador: estabilizan la cabeza, guían micro-movimientos y reaccionan cada vez que miras el móvil, el ordenador o conduces.

Cuando se sobresaturan (por estrés, malas posturas o falta de descanso) se vuelven rígidos, se acortan y comprimen el recorrido del nervio occipital mayor, que atraviesa esta zona.

Esto genera ese dolor punzante tan característico en la nuca y la irradiación hacia arriba.

Artrosis cervical o compresión de ramas nerviosas

En personas con cambios degenerativos en la columna cervical (algo muy común a partir de los 45-50 años), pueden aparecer pequeñas alteraciones en la articulación entre C1, C2 y C3.

Esa zona, por su cercanía con el nervio occipital, puede provocar:

  • irritación mecánica,
  • inflamación alrededor del nervio,
  • limitación de movimiento,
  • presión sobre los músculos que lo rodean.

La artrosis no es sinónimo de dolor permanente, pero sí puede aumentar la probabilidad de que el nervio se inflame si ya existe tensión acumulada.

Traumatismos como el latigazo cervical

Un latigazo cervical, incluso aunque haya ocurrido meses o años atrás, puede dejar secuelas en forma de:

  • hipertonía crónica de suboccipitales,
  • bloqueos articulares en las primeras vértebras,
  • irritación persistente del tejido que rodea al nervio.

Muchas personas no relacionan un accidente antiguo con su dolor actual, pero en consulta es muy común que el cuadro tenga origen en ese traumatismo.

Bruxismo y tensión mandibular

El bruxismo no solo afecta a la mandíbula: también altera la musculatura del cuello, especialmente los músculos que sostienen la cabeza. Cuando aprietas los dientes se activan cadenas musculares que llegan directamente a la zona suboccipital.

Como resultado:

  • aumenta la rigidez de la base del cráneo,
  • se reduce la movilidad cervical fina,
  • y el nervio occipital mayor puede irritarse continuamente.

Por eso, en muchos casos de neuralgia de Arnold, trabajo también la mandíbula, el masetero y el ATM.

Uso excesivo del móvil y posturas mantenidas

El clásico “cuello de móvil” no es una broma.

Mirar hacia abajo durante horas coloca a los suboccipitales en tensión constante, y eso termina cargando la zona donde pasa el nervio.

Lo mismo ocurre al:

  • trabajar con el ordenador con la cabeza adelantada,
  • conducir largas horas,
  • coser, leer o estudiar inclinando la cabeza.

La postura mantenida es uno de los desencadenantes más silenciosos.

Estrés prolongado

Cuando estamos en periodos de estrés, tendemos a elevar ligeramente los hombros y a tensar la musculatura cervical profunda sin darnos cuenta.

Este patrón (si se mantiene durante días o semanas) termina sobrecargando los suboccipitales, lo que favorece la aparición de neuralgia.

Compresión por accesorios o presión externa

Aunque menos frecuente, también se da:

  • casco que aprieta demasiado,
  • gafas que hacen presión detrás de la oreja,
  • cintas o diademas duras,
  • almohadas demasiado altas y rígidas.

Cómo diagnostico esta patología en consulta

La neuralgia de Arnold no se diagnostica con una máquina ni con una prueba mágica. Se diagnostica con las manos, con la exploración y con lo que la persona cuenta. Para mí, lo más importante es escuchar, interpretar el patrón de dolor y comprobar qué estructuras están irritadas.

  1. Palpación de la musculatura suboccipital. Esto es lo primero que realizo. Localizo la zona donde nace nervio occipital mayor y presiono muy suavemente esa región para ver si la zona duele más de lo normal, si aparece ese famoso dolor que se dispara hacia la cabeza, si hay aumento de tensión o nudo profundo y si el músculo está rígido.
  2. Test de provocación y exploración neurológica. Después realizo movimientos controlados del cuello que me permiten comprobar si el dolor se reproduce, se intensifica o irradia. Si un movimiento concreto despierta ese dolor punzante ascendente, las sospechas se confirman. Esto me ayuda a valorar el grado de irritación del nervio.
  3. Movilidad cervical y postura global. Analizar el cuello, la movilidad, ciertos movimientos, etc., me permite ver qué está manteniendo la irritación.
  4. Valoración de la mandíbula si sospecho bruxismo. Esto es clave. Muchos casos de neuralgia de Arnold están directamente relacionados con el bruxismo y la tensión mandibular. Signos como el masetero muy duro, sensibilidad en el ATM, chasquidos al abrir o cerrar la boca, desgaste dental…
  5. Descartar otras causas de cefalea. Por último, me aseguro de que el dolor no proviene de migrañas, ni de una cefalea tensional, problemas visuales, sinusitis o de mareos vestibulares.

Tratamiento fisioterapéutico eficaz para la neuralgia de Arnold

Cuando el nervio occipital mayor está irritado, el objetivo del tratamiento es doble:

  1. Reducir la presión que está recibiendo el nervio.
  2. Normalizar la musculatura y la movilidad de la zona cervical alta.

En otras palabras: liberar, relajar y devolver al cuello su movimiento natural para que el nervio deje de protestar.

Relajación y normalización de los músculos suboccipitales

Este es el corazón del tratamiento.

Los suboccipitales son músculos pequeños pero extremadamente potentes a la hora de generar dolor cuando se tensan.

Suelo trabajar esta zona con:

  • presiones sostenidas y muy controladas,
  • técnicas de inhibición neuromuscular,
  • liberación de puntos gatillo,
  • estiramientos específicos en rotación y flexión.

Es una zona delicada, y por eso las técnicas son suaves, profundas y muy dirigidas.

Terapia manual cervical y descompresión

Las primeras vértebras cervicales (C0–C1–C2–C3) tienen muchísimo que ver con la neuralgia de Arnold. Si alguna de ellas se mueve menos de lo que debería o está “bloqueada”, aumenta la tensión sobre la musculatura y sobre el nervio.

Trabajo esta zona con:

  • movilización articular suave,
  • tracciones descompresivas,
  • técnicas de Mulligan, Maitland u osteopáticas suaves,
  • correcciones de micro-movimiento cervical.

Movilización del nervio occipital (neurodinamia)

Cuando el nervio está irritado, a veces necesita “volver a deslizar” correctamente entre las estructuras que lo rodean.

Neurodinamia para el dolor La neurodinamia consiste en:

  • movimientos suaves de flexión/extensión,
  • deslizamientos controlados,
  • ejercicios que permiten que el nervio recupere su espacio.

Trabajo mandibular cuando hay bruxismo asociado

En muchos casos, la neuralgia de Arnold no mejora del todo si no tratamos la mandíbula.

Cuando detecto tensión mandibular o signos de bruxismo, suelo trabajar:

  • masetero,
  • pterigoideos,
  • músculos supra e infrahioideos,
  • ATM (articulación temporomandibular).

La relación entre mandíbula y cervicales es directa: si la mandíbula se relaja, los suboccipitales también.

Diatermia o técnicas de termoterapia profunda

La diatermia es una herramienta muy útil en esta zona porque:

  • relaja la musculatura profunda,
  • mejora la circulación local,
  • disminuye el dolor,
  • acelera la normalización del tejido.

No es imprescindible, pero sí acelera mucho la recuperación cuando la tensión es muy alta.

Ejercicios específicos para mantener la mejora

Después del trabajo manual, siempre enseño ejercicios para que el paciente mantenga la zona estable y relajada:

  • ejercicios de movilidad cervical suave,
  • estiramientos de suboccipitales y trapecio superior,
  • ejercicios de control motor de cervical alta,
  • respiración diafragmática para disminuir tensión.

Consejos prácticos para mejorar en casa

La neuralgia de Arnold no se resuelve en un día, pero sí puedes hacer muchas cosas en casa para reducir la irritación del nervio, relajar la zona y evitar que el dolor vuelva. Aquí tienes las recomendaciones que más suelo enviar a mis pacientes.

  • Calor seco en la base del cráneo (10-15 min). Ayuda a relajar la musculatura suboccipital, aumenta el flujo sanguíneo y disminuye la sensación de rigidez. Te recomiendo usar una manta eléctrica, saco de semillas o toalla caliente (pero no muy húmeda). Ponlo justo donde empieza el cráneo, no en la mitad del cuello.
  • Automasaje suave en la zona suboccipital. Apoya ambas manos detrás de la cabeza y coloca los pulgares justo bajo la base del cráneo. Haz una presión ligera hacia arriba, manteniendo el contacto unos 20–30 segundos. No busques “hacer daño” ni profundizar demasiado; la idea es relajar, no comprimir más el nervio.
  • Estiramientos y movilidad cervical suave. Los movimientos suaves, bien hechos, liberan mucha tensión. A mis pacientes les recomiendo: girar la cabeza lentamente a un lado y a otro, llevar la oreja hacia el hombro sin elevar los hombros, pequeños síes y noes muy suaves, y micro-flexiones hacia adelante (sin forzar).
    Piensa en movimientos de exploración, no en estiramientos agresivos.
  • Evitar posturas mantenidas (sobre todo con pantallas). Si trabajas muchas horas frente al ordenador o pasas mucho tiempo con el móvil, haz pequeñas pausas cada 30–45 minutos: cambia la posición del cuello, relaja los hombros, mira lejos unos segundos y coloca la pantalla a la altura de los ojos.
  • Ajusta la almohada. Una almohada demasiado alta o demasiado rígida puede aumentar la presión sobre la zona occipital. Busca una que permita que tu cabeza caiga de forma natural, sin forzar la flexión del cuello. Si al despertar notas el dolor más intenso, casi siempre hay un problema con la postura nocturna.
  • Respiración diafragmática. Puede sonar simple, pero la tensión cervical está muy ligada al estrés. Dedica unos minutos cada mañana y noche a inspirar por la nariz, llevar el aire al abdomen y soltarlo despacio.
  • Si hay bruxismo: descarga mandibular en casa. Si aprietas por la noche o notas la mandíbula tensa aplica calor suave antes de dormir en la zona del masetero, haz pequeños movimientos de apertura sin dolor, evita morder alimentos muy duros y siempre que te lo haya recomendado un profesional, utiliza férula por las noches.
  • Cuándo debes acudir a un fisioterapeuta. Si el dolor se vuelve muy intenso, el “latigazo” aparece con cada movimiento, notas debilidad en el cuello o el dolor se mantiene más de 5-7 días, es el momento de acudir a consulta.

Cuando un paciente acude al tratamiento fisioterapéutico, empiezan a notar alivio desde las primeras sesiones, sobre todo cuando relajamos la musculatura suboccipital y recuperamos la movilidad cervical fina. A partir de ahí, el proceso suele avanzar rápido si acompañas el tratamiento con los ejercicios y hábitos que te recomiendo para casa.

La mayoría de personas mejora de forma significativa en entre 2 y 6 sesiones, dependiendo de la intensidad del dolor, la rigidez cervical acumulada y si hay factores asociados como bruxismo o posturas mantenidas durante horas.

En casos más antiguos o más sensibles, la recuperación puede requerir algo más de tiempo, pero los cambios suelen ser muy notables.

Lo más importante es que sepas que no tienes por qué convivir con este dolor. Con un buen diagnóstico, terapia manual específica y un plan adaptado a ti, el nervio occipital mayor deja de irritarse y todo empieza a volver a su sitio: la cabeza pesa menos, el cuello se mueve mejor y el dolor deja de “dispararse” hacia arriba.

Si este es un dolor que te acompaña desde hace días, semanas o meses, pide ayuda. Cuanto antes lo abordemos, antes volverás a sentir tu cuello libre y tu cabeza tranquila. Estoy aquí para ayudarte 🤍